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Cómo nace una litofaníaDe una imagen normal a una que solo aparece con luz

Apagada, es una placa blanca con relieve. Si la miras de cerca ves bultos y surcos, pero no distingues gran cosa. Enciendes la luz que tiene detrás y, de golpe, aparece una cara, un perro, una playa. Eso es una litofanía.

No es tinta, no es una pantalla, no es un truco de proyección. Es una imagen hecha de grosor: donde el material es más fino pasa más luz, donde es más grueso pasa menos. Y hoy la fabricamos con una impresora 3D, a partir de la imagen que tú nos mandes.

Así es el camino desde tu archivo hasta la pantalla de una TV retro.

5 min de lectura
TV retro verde de Brilla encendida en la oscuridad; la luz cálida dibuja en la pantalla abombada una foto de boda antigua, la novia con velo de encaje y el novio de traje y corbata
Una litofanía encendida dentro de su TV retro.
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Una idea de hace dos siglos

Litofanía de porcelana del siglo XIX sobre un atril de madera, iluminada por detrás: a contraluz aparece el retrato de perfil de una joven en tonos cálidos
Una litofanía de porcelana a la luz de una vela. La imagen solo aparece donde la luz atraviesa el material.

La litofanía no la inventó nadie con una impresora. Nació en la Europa de los años 1820, en porcelana. Los artesanos tallaban la imagen en cera, a distintos grosores, y la reproducían en porcelana finísima. Después la ponían delante de una vela o en una ventana: a contraluz aparecía un retrato o una escena. Se usaban en pantallas de lámpara, en fondos de taza, en farolillos.

El principio es el mismo que usamos hoy. La imagen no está pintada encima del material, está en el material. Lo único que ha cambiado es la herramienta: donde antes había un cincel y un horno, ahora hay un archivo y una impresora 3D.

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Tu imagen, convertida en relieve

Todo empieza con la imagen que subes al hacer tu pedido. La encuadras en horizontal, en formato 4:3, y ves una vista previa de cómo quedará en la pantalla antes de pagar.

Después la pasamos a escala de grises y la traducimos a grosores. Cada punto de la imagen se convierte en una altura: los tonos claros quedan finos, casi transparentes; los oscuros, gruesos, para que tapen la luz. El resultado es un modelo en tres dimensiones que, visto de frente, es un mapa de sombras.

Aquí está el secreto de que unas imágenes queden mejor que otras. Una cara bien iluminada, con el fondo separado, se traduce en grosores muy distintos y se ve con fuerza. Una imagen oscura o con mucho detalle diminuto se convierte en una placa casi uniforme y la luz no tiene dónde dibujar.

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Capa a capa

Interior de una impresora 3D del taller con una litofanía blanca a medio imprimir, de pie sobre la cama de impresión: en su relieve ya se distinguen las caras de una foto
La litofanía crece capa a capa durante horas. Apagada, todavía es solo relieve.

El modelo va a la impresora 3D. La litofanía se imprime en PLA blanco, un plástico que deja pasar la luz justo lo necesario, en capas muy finas, una encima de otra, durante horas. No es un proceso rápido: la pantalla de una TV retro es pequeña, pero cada capa importa, porque una capa mal puesta es una raya en la imagen.

La nuestra, además, no es plana. Va abombada, con la curva de las teles de tubo de toda la vida. Eso le da el aire retro de una pantalla de las de antes.

Cuando sale de la impresora la comprobamos encendida. Si no luce como debe, se repite. No sale del taller una litofanía que no hayamos visto iluminada antes.

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La luz que lo cambia todo

A la izquierda, una ilustración de una chica sentada en una azotea mirando la luna llena sobre la ciudad; a la derecha, la misma imagen como litofanía dentro de una TV retro turquesa encendida, en tonos ámbar, con la luna como zona más brillante
La ilustración original y la misma imagen en la TV retro encendida. El color lo pone la carcasa; la imagen, la luz.

Sin luz detrás, la litofanía es un relieve blanco. Bonito, pero mudo. La imagen aparece cuando la atraviesa una luz, y por eso la elección de esa luz importa tanto como la impresión.

Usamos un LED por USB de menos de 1 W, de luz cálida. La luz cálida hace que la imagen aparezca en tonos sepia, como una fotografía antigua, y eso no es un efecto añadido: es el color natural de la luz pasando por el plástico blanco. Por eso una litofanía nunca se ve en color. El color, en la TV retro, lo pone la carcasa.

El consumo es tan bajo que puedes dejarla encendida toda la noche en la mesilla. Lleva su cable USB-A, funciona con cualquier cargador USB-A (el cargador no va incluido) y se enciende con un botón detrás.

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Dentro de una TV retro

Cuatro televisores retro de Brilla encendidos en la oscuridad, en rosa, verde, amarillo y azul, cada uno con una foto en la pantalla iluminada: un bebé dormido, dos aficionados celebrando, un gato y un edificio moderno
La TV retro en rosa, verde, amarillo y azul. Encendida, la luz dibuja tu imagen en la pantalla.

La litofanía va montada en la pantalla de una tele en miniatura, impresa también en 3D en nuestro taller de Gijón. La carcasa la eliges en rosa, verde, amarillo o azul, en tonos pastel que se intensifican con la luz encendida, y el frontal va en gris grafito. Cabe en una mano.

Impresión, montaje de la luz, comprobación y embalaje: todo se hace aquí, una a una, por encargo. Cada TV que sale lleva una imagen que no se repite en ninguna otra.

Tamaño de la TV
14 × 10 × 8,5 cm
Formato de la imagen
4:3
Material
PLA
LED por USB, luz cálida
< 1 W
Marcado
CE · RoHS
Hecha en
Gijón

Ahora que sabes cómo nace una litofanía… ¿quieres ver la tuya encendida?